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Los Jardines Butchart, otra clase de jardín

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Brentwood Bay, Columbia Británica, Canadá

Jardines Butchart

Tener un buen vecino es una suerte de acontecer en la vida de cualquiera, aunque por lo general eso no se valora mucho cuando se tiene, eso, mayormente, lo valora en su total medida aquel que ha tenido uno malo, un vecino tóxico digo.

Jardines ButchartEsto viene a cuento, porque hoy cuando volvía a casa vi a mi vecina Mari podando su seto, en su jardín, y Mari, para suerte mía, es una estupenda vecina de hace años, a la que tengo mucho cariño y respeto, paré mi coche, y nos quedamos un momento charlando.

A las dos nos encantan las plantas y los jardines, y la conversación tomo esos derroteros. Una suerte de destino nos permite a ambas disfrutar de la naturaleza; es su hábitat natural. Y ello unido a nuestra idiosincrasia “jardinerocampestre”, nos hace rodearnos de plantas de todo tipo en jardines, o en macetas. No importa dónde, pero siempre trastejando con ellas en los alrededores de nuestras casas.

Hoy, en nuestra corta conversación, las dos estuvimos de acuerdo en una cuestión: nos falta tiempo. Las plantas necesitan atención. Uno tiene tantas cosas que las descuida…

Y claro que nos falta tiempo. Para esa y para otras muchas cuestiones, porque nuestra vida es un cúmulo de «haceres». Pero habrá que buscarlo por que es una suerte poder disfrutarlo.

Jardines ButchartJardines hay millones por todo el mundo, de todos los estilos, incluso de culturas diversas, auténticas joyas de la naturaleza reinventados por el ser humano, a mayor escala que el de Mari y el mío, claro, pero todos alguna vez fueron como estos, miren sino la historia de este que les comparto.

En 1904 el esposo de Jennie Butchart, Robert, abandonó una cantera de caliza que explotaba para fabricar cemento. Fue entonces cuando Jennie comenzó a embellecerla con sus propias manos convirtiéndola una exhibición de horticultura internacionalmente reconocida. En 1905 creó el Jardín Japonés, que aún conserva gran parte de las plantas originales y aún prosperan. Rápidamente fueron adquiriendo una fama que crecía, de tal modo que en los años 1920 ya llegaban a ellos más de 50 000 visitantes de muchas partes. En 1929 crea el Jardín Italiano en lo que fueran sus canchas de tenis, y el Jardín de las Rosas en el lugar de la pequeña huerta que utilizaban para cultivar sus vegetales. Hacia 2004, fue realizada una serie de replantaciones anuales a lo largo de todo el terreno. 

Dejo la señora Jennie Butchart un legado maravilloso de vida.

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